
SETI actualiza sus protocolos de detección de Inteligencia Extraterrestre

Efraín Buenrostro Chávez
7 de junio de 2026
Los principios adoptados originalmente en 1989 han evolucionado para adaptarse a nuevas tecnofirmas, redes sociales, inteligencia artificial y los desafíos de comunicar un descubrimiento de alcance global.
La pregunta de si estamos solos en el universo ha acompañado a la humanidad durante siglos. En tiempos modernos, esta cuestión dejó de pertenecer únicamente a la filosofía para convertirse también en un campo de investigación científica. Uno de los esfuerzos más conocidos en este ámbito es SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), un conjunto de proyectos e investigaciones dedicados a buscar evidencias de inteligencia tecnológica más allá de la Tierra.
Como parte de ese esfuerzo, la International Academy of Astronautics (IAA) publicó el pasado viernes 5 de junio de 2026 una actualización de los protocolos internacionales que orientan la verificación, gestión y comunicación de posibles detecciones de inteligencia extraterrestre. El anuncio fue presentado en la publicación Beyond Disclosure Day: The Real-World Protocols, donde se detallan los principales cambios incorporados en esta nueva versión. La actualización reemplaza la edición de 2010 e incorpora avances científicos, nuevas tecnofirmas y desafíos propios de la era digital.
A diferencia de otras ramas de la astrobiología que buscan formas de vida simples o microorganismos, SETI se enfoca específicamente en la búsqueda de tecnofirmas: señales o evidencias observables que podrían indicar la existencia de una civilización capaz de desarrollar tecnología. Durante décadas, estas búsquedas se centraron principalmente en señales de radio, pero con el avance de la astronomía moderna el abanico de posibilidades se ha ampliado considerablemente.
Ejemplos de tecnofirmas:
- Señales de radio.
- Emisiones láser.
- Exceso de radiación infrarroja.
- Anomalías astronómicas.
- Posibles artefactos tecnológicos.
La posibilidad de detectar una tecnofirma plantea una pregunta inmediata: ¿qué debería ocurrir después? ¿Cómo verificar un hallazgo de esta magnitud? ¿Quién debería comunicarlo? ¿Cómo compartir la información con la comunidad científica y con el público? Para responder estas cuestiones surgieron los primeros protocolos internacionales relacionados con SETI.
El origen de los protocolos SETI

El Dr. Bernard Oliver de la Oficina SETI en el Centro de Investigación Ames en 1986. Créditos: NASA / Wade Sisler
Cronología de las declaraciones oficiales sobre los protocolos del SETI:
- 1989: Primera Declaración de Principios de la IAA.
- 2010: Primera gran actualización de los lineamientos.
- 2026: Publicación de la nueva versión adaptada a la era digital y al panorama moderno de tecnofirmas.
En 1989, la International Academy of Astronautics (IAA) adoptó formalmente la primera Declaración de Principios Concernientes a las Actividades Posteriores a la Detección de Inteligencia Extraterrestre. Estos lineamientos fueron desarrollados para establecer una serie de buenas prácticas en caso de que alguna observación pudiera representar evidencia de una civilización extraterrestre.
Entre sus principios fundamentales se encontraba la necesidad de verificar cuidadosamente cualquier señal candidata, solicitar confirmaciones independientes por parte de otros observatorios, compartir la información con la comunidad científica internacional y evitar respuestas precipitadas antes de una evaluación rigurosa. También se recomendaba informar a organismos internacionales relevantes, incluyendo a las Naciones Unidas, una vez que una detección hubiera sido confirmada.
Más de dos décadas después, en 2010, la declaración fue actualizada para reflejar los avances científicos y tecnológicos acumulados desde su creación. Aunque los principios fundamentales de transparencia, verificación independiente y cooperación internacional se mantuvieron intactos, la revisión buscó modernizar y consolidar procedimientos que habían evolucionado junto con la propia disciplina. El nuevo documento de 2026 reemplaza oficialmente aquella versión y establece, además, la creación de un Subcomité Post-Detección permanente dentro de la IAA para guiar a los expertos en el análisis de las implicaciones globales.

Conjunto de telescopios Allen (ATA: Allen Telescope Array) en el observatorio astronómico de Hat Creek, ubicado al norte de California, EEUU. Créditos: SETI
El SETI suele asociarse con organizaciones como la NASA o el Instituto SETI, sin embargo, la búsqueda científica de inteligencia extraterrestre es un esfuerzo internacional que involucra investigadores, universidades, observatorios y organizaciones de numerosos países. Los propios protocolos contemplan la participación de instituciones científicas independientes, organismos internacionales y entidades como las Naciones Unidas en caso de una detección confirmada. En ese sentido, la búsqueda de tecnofirmas no pertenece a una sola organización o nación, sino que forma parte de una colaboración científica global orientada a responder una de las preguntas más profundas de la humanidad.
Este carácter internacional también se refleja en la infraestructura científica utilizada para estas investigaciones. La búsqueda de tecnofirmas ha contado con la participación de observatorios y radiotelescopios de distintas partes del mundo, entre ellos el Allen Telescope Array y el Green Bank Observatory en Estados Unidos, FAST en China, ALMA en Chile, Parkes Observatory en Australia y MeerKAT en Sudáfrica, además de muchas otras instalaciones científicas que contribuyen a la observación, análisis y verificación de posibles señales candidatas.
Aunque cada uno de estos instrumentos tiene objetivos científicos más amplios que la búsqueda de inteligencia extraterrestre, su participación demuestra que SETI forma parte de un esfuerzo científico internacional respaldado por investigadores, universidades, observatorios y organizaciones de numerosos países. La pregunta sobre la existencia de otras civilizaciones no pertenece a una nación o institución en particular; es una de las grandes preguntas de la humanidad.
¿Qué ocurriría tras una detección? Los protocolos de 2026

Antenas del Observatorio ALMA en el llano de Chajnantor, ubicado en el desierto de Atacama, Chile. Créditos: ALMA Observatory / Alex Pérez
El marco traza una hoja de ruta ética y de sentido común que, aunque funciona como un acuerdo informal sin fuerza de ley, establece una serie de buenas prácticas ampliamente aceptadas por la comunidad SETI. La versión de 2026 introduce cambios críticos para blindar el proceso ante los desafíos modernos. De forma simplificada, los protocolos pueden entenderse mediante las siguientes etapas:
1. Verificación rigurosa (El filtro anti-error): El investigador que detecte una señal debe descartar primero cualquier interferencia humana (satélites, microondas).
- Novedad 2026: El protocolo exige que cualquier señal candidata sea sometida a múltiples procesos de validación antes de considerarse una posible detección. Es obligatorio que el hallazgo sea autenticado mediante consenso independiente por otras organizaciones que utilicen instrumentación y telescopios completamente diferentes, asegurando que los datos crudos pasen por una rigurosa revisión por pares antes de cualquier anuncio.
2. Notificación internacional (Los canales oficiales): Antes de hacer el descubrimiento público de forma masiva, se debe informar a las autoridades astronómicas competentes (como el IAU Central Bureau for Astronomical Telegrams) y al Secretario General de las Naciones Unidas.
- Novedad 2026: Los datos originales y el reporte de validación deben ser respaldados y archivados en al menos dos repositorios seguros en ubicaciones geográficas diferentes y en formatos abiertos para garantizar su preservación global ante cualquier fallo técnico o geopolítico.
3. Transparencia total (Gestión del entorno digital): Una vez confirmado el hallazgo, se debe notificar abiertamente a la comunidad internacional y al público las frecuencias, coordenadas y naturaleza de la señal para permitir un monitoreo global continuo de 24 horas.
- Novedad 2026 (Mitigación de rumores y blindaje al científico): En la era de la IA, los deepfakes y la desinformación automatizada, el protocolo faculta a los científicos a publicar datos preliminares en pleno proceso de validación únicamente si es necesario para disipar rumores virales o noticias falsas en redes sociales. Además, las instituciones académicas tienen ahora la obligación de proteger la seguridad y privacidad de sus investigadores, dándoles el derecho a no interactuar con el acoso mediático (doxxing) mientras el comité institucional gestiona la comunicación oficial.
4. Prohibición estricta de respuesta (La decisión de la humanidad): Ningún individuo, organización o gobierno puede transmitir una respuesta hacia la fuente de la señal extraterrestre.
- Novedad 2026: Los protocolos refuerzan la idea de que una decisión de esta magnitud no debería recaer en una sola persona, institución o país. Cualquier posible respuesta requeriría consultas internacionales amplias y representativas, con la participación de organismos internacionales y de la comunidad científica global.
Una búsqueda que va mucho más allá de las señales de radio

Imagen conceptual ilustrando diversos tipos de tecnofirmas. Créditos: Búsqueda de tecnofirmas en sistemas exoplanetarios con misiones actuales y futuras.
Cuando muchas personas escuchan hablar de SETI, imaginan enormes radiotelescopios escuchando posibles mensajes provenientes de estrellas lejanas. Aunque esta sigue siendo una parte importante de la búsqueda, la ciencia moderna ha ampliado significativamente el concepto de tecnofirma.
La actualización de 2026 reconoce explícitamente que la búsqueda puede incluir señales de radio, emisiones láser, excesos de radiación infrarroja asociados a grandes consumos energéticos, anomalías astronómicas e incluso posibles artefactos tecnológicos detectables mediante observaciones científicas.
En el documento se define el concepto de tecnofirmas (technosignatures) como “…evidencia observable de tecnología construida o utilizada por seres extraterrestres, por ejemplo: señales de radio de banda estrecha, emisión láser, exceso de infrarrojos asociado al uso de energía a gran escala, anomalías en las mediciones astronómicas debidas a megaestructuras, etc., o un artefacto…”.
En otras palabras, la búsqueda de inteligencia extraterrestre ya no se limita a esperar un mensaje interestelar. También contempla la posibilidad de detectar evidencias indirectas de actividad tecnológica mediante diversas herramientas y métodos observacionales.
Y aunque la detección de estas tecnofirmas indicaría la presencia de vida extraterrestre inteligente, se aclara que esta Declaración de principios relativos a la gestión de la búsqueda de inteligencia extraterrestre se aplica a la búsqueda de vida extraterrestre inteligente, no a la vida extraterrestre en general, ni a los fenómenos anómalos no identificados (UAP por sus siglas en inglés) en la atmósfera terrestre.
El desafío de la era digital

Foto de Mateusz Dach.
Quizá el aspecto más interesante de esta actualización es que no responde únicamente a cambios científicos, sino también a cambios sociales y tecnológicos.
En 1989, la información viajaba principalmente a través de revistas científicas, comunicados institucionales y medios de comunicación tradicionales. Hoy vivimos en un entorno donde una noticia puede recorrer el planeta en cuestión de minutos a través de redes sociales y plataformas digitales.
La inteligencia artificial, las redes sociales y la comunicación global instantánea han transformado la manera en que se difunden y consumen las noticias. Como consecuencia, los nuevos lineamientos ponen especial énfasis en la comunicación responsable, la transparencia y la gestión adecuada de información preliminar que podría ser incompleta o ambigua. Incluso se abre la puerta a comunicar datos en fases de verificación si es estrictamente necesario para disipar rumores falsos.
Los protocolos actualizados también reconocen la importancia de proteger la seguridad y la privacidad de los investigadores involucrados frente a la inevitable presión mediática. Asimismo, exigen preservar los datos originales y metodologías mediante su almacenamiento en al menos dos repositorios geográficos distintos y en formatos abiertos, garantizando que los resultados puedan ser verificados, revisados de forma transparente y reproducidos por otros científicos del mundo.
Más allá de la astronomía

Foto de Porapak Apichodilok.
La actualización también refleja una visión más amplia de las posibles implicaciones de una detección confirmada.
Además de astrónomos y especialistas en SETI, los nuevos lineamientos contemplan la participación de expertos en ética, derecho, ciencias sociales y comunicación. La razón es sencilla: un descubrimiento de esta magnitud tendría consecuencias que irían mucho más allá de la astronomía.
Los principios también mantienen una postura cautelosa respecto a una posible respuesta a una señal extraterrestre. Cualquier decisión relacionada con el envío de una respuesta debería ser objeto de consultas internacionales amplias y representativas (realizadas a través de la ONU), en lugar de quedar en manos de una sola organización o país.
Ensayando el descubrimiento
La preparación para una posible detección no se limita a la teoría. En mayo de 2023 se puso en marcha A Sign in Space (Una Señal en el Espacio), un experimento internacional diseñado para simular la recepción de un mensaje procedente de una inteligencia extraterrestre.
Como parte del proyecto, una señal codificada fue transmitida desde la órbita de Marte hacia la Tierra y recibida por diversos radiotelescopios. A partir de ese momento, científicos, estudiantes, expertos de distintas disciplinas y miembros del público fueron invitados a colaborar en el análisis e interpretación del mensaje, recreando algunos de los desafíos que podrían surgir ante una detección real.
Más allá de los aspectos técnicos, el ejercicio permitió explorar cómo podrían reaccionar la comunidad científica, los medios de comunicación y la sociedad en general frente a un anuncio de esta magnitud. También puso a prueba mecanismos de cooperación internacional, comunicación pública y análisis colectivo de información.
En otras palabras, además de buscar posibles evidencias de inteligencia extraterrestre, los investigadores también ensayan cómo gestionar uno de los descubrimientos más trascendentales que la humanidad podría enfrentar.
Prepararse para una de las preguntas más profundas

Foto de Melih Akkus.
Esta actualización de 2026 demuestra que la búsqueda científica de inteligencia extraterrestre continúa evolucionando junto con la tecnología y la sociedad.
Más allá de sus aspectos técnicos, estos nuevos protocolos reflejan la madurez de una disciplina que lleva décadas preparándose para responder una de las preguntas más profundas de nuestra existencia.
La comunidad científica no sólo desarrolla nuevas herramientas para explorar el universo; también trabaja para garantizar que cualquier posible evidencia sea evaluada, verificada y comunicada de manera rigurosa, transparente y responsable.
Desde los primeros protocolos adoptados en 1989 hasta los ejercicios internacionales de simulación realizados en años recientes, el objetivo ha sido el mismo: asegurar que un descubrimiento de esta magnitud pueda ser comprendido y gestionado de forma responsable por una comunidad científica cada vez más global e interconectada.
Quizá esa sea la lección más interesante de esta actualización. La búsqueda de inteligencia extraterrestre no consiste únicamente en encontrar respuestas, sino también en estar preparados para comprenderlas, verificarlas y compartirlas con el mundo.
Quizá esa sea la lección más interesante de esta actualización. Durante casi cuatro décadas, la comunidad científica no sólo ha perfeccionado las herramientas para explorar el cosmos, sino también los procedimientos necesarios para interpretar y comunicar responsablemente algunos de los hallazgos más trascendentales que podríamos enfrentar como especie.
Inspirándonos en una célebre reflexión de Arthur C. Clarke, podemos decir:
Sólo hay dos posibilidades: estamos solos en el universo o no lo estamos. Ambas son igualmente fascinantes.
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